Laboratorio

Trabajo de Laboratorio: Limpieza de los restos óseos

31/07/2019

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Daniel Rueda, alumno del Grado en Historia de la Universidad de Murcia, nos explica el proceso de limpieza de los restos óseos de la Maqbara para su estudio en el Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Murcia.

La previa y concienzuda labor que fue realizada por los integrantes de la excavación en el conjunto arqueológico de San Esteban, entre los que me incluyo, ha sido fundamental para empezar con orden en el laboratorio. A lo largo del trabajo de campo en la Maqbara se han ido identificando cada uno de los restos óseos recuperados asociándolos con una unidad estratigráfica propia, embolsándolos y etiquetándolos doblemente para facilitar la tarea de laboratorio.

Ese mismo procedimiento metodológico de etiquetado se va a extrapolar al laboratorio. Cuando se abre una bolsa que contiene restos óseos se duplica la etiqueta que lleva adjunta y se coloca en la bandeja donde se vayan a depositar los restos, para que en todo momento sepamos su contexto y procedencia. Todos los compañeros que tenemos el privilegio de estar participando en la limpieza de los restos óseos seguimos los mismos pasos, a continuación describiré como vamos realizando dicho proceso.

Comienzo antes de nada con la preparación previa del material que voy a necesitar. Básicamente consiste en una bandeja vacía grande para apoyar los restos con los que trabajaré, y como utensilios habituales, un cepillo de dientes de cerdas blandas, palillos de bambú para sacar la tierra de las oquedades óseas, un colador metálico por si hay trozos muy fragmentados que no queremos perder para el inventario y clasificación, y un barreño pequeño, limpio y lleno hasta la mitad con agua descalcificada para el caso de que se necesite lavar con agua alguno de los restos. Todo el trabajo se realiza con guantes de nitrilo. Toda bandeja y posteriormente bolsa, debe de estar obligatoriamente identificada mediante una etiqueta que indique la unidad estratigráfica, la unidad funeraria concreta en la que se ha excavado, el contexto al que pertenece y la parte anatómica que es.

Algunos de los huesos vienen de la excavación envueltos en papel de burbujas y con cinta aislante alrededor para inmovilizar los restos que hay en el interior. Se deben abrir cuidadosamente ya que no es difícil fracturar los frágiles restos óseos que contienen.

Una vez que tengo los restos óseos colocados en la bandeja iré lavándolos de uno en uno, en el caso de ser piezas grandes, y utilizando un colador si fueran restos muy fragmentados. Para ello se sumergen en agua apenas un par de segundos, dejándolos escurrir, para posteriormente ir frotando cada trozo de forma individual con el cepillo de dientes hasta eliminar la tierra adherida a los contornos, utilizando si se diera el caso el palo de madera. Una vez limpios se dejan secar en unas rejillas especiales que hay en el Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Murcia, siempre con su etiqueta correspondiente, donde permanecerán dos o tres días mínimo para que se sequen. Es muy importante asegurarse, ya que luego podemos tener problemas de microorganismos.

Después se volverán a guardar en bolsas para su almacenamiento, y éstas en cajas. Hay que tener mucho cuidado e ir colocando los huesos en orden en función de su forma, peso y tamaño. A posteriori se analizarán todos los huesos para la determinación de la edad y sexo del sujeto, así como las paleopatologías más importantes.

El sujeto de la tumba 21, por ejemplo, presentaba una pequeña deformación prolongada a lo largo del peroné, signo de haber llevado una carga pesada durante mucho tiempo que terminaría repercutiendo en sus huesos. Yo no puedo evitar dejarme llevar, e imaginar a ese hombre posiblemente cargado hasta los topes de mercancías, deambulando anonadado por la renovada Alfonso X de nuestros días, sintiendo el desconcierto que yo siento al presenciar una porción de él tan lejana y ajena. Es fascinante que, casi mil años después, estemos lavando el hueso de un señor del arrabal que pisaba los mismos lugares que a día de hoy frecuentamos. Largo camino ha recorrido esa pierna para llegar a formar parte del siglo XXI, una pierna que todavía no ha dejado de trabajar, porque servirá para ponerle una pata más a la estructura teórica que sostiene a la Historia.

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