Proyecto

 

El proyecto denominado “Fase 0” de estudio arqueológico interdisciplinar del conjunto arqueológico medieval de San Esteban (Murcia) inició su andadura en 2018 gracias a un convenio de colaboración entre la Universidad de Murcia y el Ayuntamiento de Murcia. Su objetivo principal es investigar los restos arqueológicos del arrabal de la Arrixaca, principal barrio extramuros de la ciudad andalusí.

El 3 de julio de 2018 se firmó el Convenio de colaboración entre el Excmo. Ayuntamiento de Murcia y la Universidad de Murcia para la investigación científica, formación, puesta en valor y difusión del yacimiento arqueológico de San Esteban. Desde su descubrimiento y excavación en 2009, el yacimiento no había sido objeto de ningún tipo de intervención destinada a su investigación y a la adopción de medidas de conservación y exposición a la ciudadanía desde una perspectiva interdisciplinar.

En dicho marco se comenzaron a ejecutar los trabajos de la denominada “Fase 0”, materializados en la excavación arqueológica y en las intervenciones de consolidación contempladas, que se realizaron con normalidad entre el 20 de noviembre de 2018 y el 20 de enero de 2019 (posteriormente prorrogadas hasta el 20 de abril de 2019).

Con posterioridad, el Ayuntamiento de Murcia, de acuerdo con la Universidad de Murcia, ha decidido programar un nuevo período de actuaciones a realizar, en el marco de la “Fase 0”, entre septiembre de 2019 y marzo de 2020, mediante una prórroga del convenio firmado entre el Ayuntamiento de Murcia y la Universidad de Murcia.

El yacimiento de San Esteban constituye el mejor conjunto arqueológico documentado hasta la fecha del arrabal medieval de la Arrixaca, barrio extramuros surgido posiblemente en el siglo XI y en uso hasta el final de la Edad Media. Este arrabal era una parte muy importante de la ciudad andalusí de Mursiya y su evolución es bien conocida gracias a distintas intervenciones arqueológicas desarrolladas en las décadas finales del siglo XX y a partir de la documentación escrita, tanto árabe como bajomedieval castellana.

A mediados del siglo XII, Abū cAbd Allāh al-Idrīsī confirma la existencia del arrabal, amurallado y recorrido por la acequia Aljufía. Este arrabal que se extendería por los frentes norte y oeste de la ciudad es un espacio urbano que ocupa un lugar central desde una perspectiva económica, especialmente comercial.

La intervención desarrollada permitió comenzar una investigación integral en tres espacios especialmente relevantes del yacimiento: el Recinto I, el edificio denominado “oratorio” y la maqbara o cementerio islámico. La investigación se desarrolla desde una perspectiva interdisciplinar, combinando distintos estudios de materiales, entre los que destacan los análisis bioarqueológicos.

ZONAS DE ACTUACIÓN:

Recinto I

Se trata de un edificio de grandes dimensiones interpretado como un funduq islámico, una hospedería de viajeros y comerciantes, de los siglos XII y XIII. La intervención arqueológica ha podido documentar las diferentes reformas realizadas en el interior de los espacios y en la zona del pórtico norte del patio, permitiéndonos plantear distintas fases en el edificio y, posiblemente también, distintos usos.

El edificio sigue las características de este tipo de infraestructuras, presenta una planta cuadrangular, con una extensión mayor a la de una vivienda, y posiblemente tuvo, al menos, una planta superior. Las distintas estancias conforman tres crujías compartimentadas que abren a un patio central, porticado, que actúa de espacio redistribuidor. En la planta baja suelen encontrarse los espacios de almacén, zona de servicio y cuadras, y en la planta alta estarían las habitaciones. Las letrinas las encontramos en el ángulo noroeste del edificio, formando parte de un complejo sistema de evacuación hidráulica del que hemos identificado hasta nueve atarjeas, en las zonas oeste, y noroeste del edificio, lo que también lo diferencia de un espacio residencial andalusí. Cuenta con un único acceso dotado de cierta monumentalidad por los pilares que flanquean el acceso.

En cuanto a su ubicación en el arrabal, lo encontramos en una de las calles principales, que recorre el arrabal de este a oeste, la denominada calle Ñ, en la que también se identificaron unas tiendas. Para el estudio de esta infraestructura se está llevando a cabo un análisis comparativo con otros identificados como funduq o alhóndiga en otras ciudades andalusíes.

Más allá de los clásicos estudios de cerámica y metales, estamos llevando a cabo una investigación interdisciplinar de los depósitos y de los materiales arqueológicos: análisis de residuos orgánicos de material cerámico y vítreo, análisis del sedimento a través de diversas técnicas de la arqueobotánica, estudio palinológico de perfiles estratigráficos, analíticas de C14, estudio paleoparasitológico de diversos contextos, especialmente de las atarjeas, y estudio arqueozoológico de la fauna recuperada.

Tanto con el trabajo de campo como con el de laboratorio pretendemos dar respuesta a los interrogantes que nos plantea el edificio, tales como identificar las fases de uso y la fase fundacional del edificio o caracterizar el uso de los espacios, entre otros.

Oratorio

Edificio formado por un recinto rectangular de 5×12,20 m, con un saliente en su ángulo suroeste, formado por una torre casi cuadrada de 2,90×2,80 m. La estructura de planta cuadrada o torre supone el elemento más antiguo. En el cierre sur del edificio se decidió intervenir con la realización de unas pequeñas catas, registrando hasta tres hiladas del nivel de cimentación. Las actuaciones llevadas a cabo resultaron ser determinantes en el proceso interpretativo de este conjunto, ya que vinieron a corroborar el momento de construcción posterior al abandono de la zona de maqbara y permitieron aclarar algunas cuestiones cronológicas.

A la vista de los resultados obtenidos en el proceso de excavación se puede descartar que se trate de un pequeño oratorio islámico de las primeras décadas posteriores a la conquista castellana de la ciudad. Su naturaleza constructiva sugiere una adscripción mudéjar en cuanto a su estilo y materiales empleados, lo que plantea la presencia de mano de obra de esta minoría en la zona del arrabal, pero su construcción debe retrasarse, al menos, a mediados del siglo XIV. La torre de tapial, como elemento precedente y reutilizado, plantea nuevas cuestiones al respecto. La organización del espacio en torno a esta construcción abre nuevas vías interpretativas y parece sugerir la existencia de una edificación religiosa islámica previa, quizás: una musalla o muro de oraciones con un alminar.

Maqbara

Cementerio islámico de los siglos XII-XIII identificado en la excavación de 2009 del que se conocían apenas unas pocas tumbas. En la campaña de excavaciones iniciada en 2018, la primera decisión en campo tuvo que ver con la elección del área a excavar, optándose por la zona más cercana al Oratorio.

El espacio excavado ha permitido distinguir varias casuísticas que conllevaron también estrategias diferentes en el proceso de exhumación de los restos humanos. Por un lado, hileras de estructuras funerarias de ladrillos que solían compartir uno de sus muros de separación, así como en las ubicadas al sur de la torre. Estas tumbas pudieron reutilizarse hasta en tres ocasiones, aunque la media de reinhumaciones más habitual, por el momento, es de dos. En todas se han recuperado sujetos enterrados en posición primaria y perfectamente articulados anatómicamente; sus posiciones siempre conducen a hipotetizar acerca de la sujeción del cuerpo en el proceso de esqueletización.

Algunos fueron enterrados en posición de decúbito lateral derecho y otros en decúbito dorsal, la mayoría con las piernas ligeramente flexionadas, pero todos con la cabeza en el oeste y los pies en el este de la tumba, y con su esqueleto facial orientado hacia el sur, o sureste en algunas ocasiones. Todo esto nos lleva a definir una norma cultural y/o religiosa en el modo de inhumación.

Hay otras áreas en la maqbara en la que aparecen los huesos humanos aislados, o en pequeños grupos, generalmente removidos y en ocasiones en un estado de conservación muy deficiente. La mayoría proceden de niveles de rotura del cementerio, posiblemente de los siglos XIV y XV, por lo que es imprescindible un análisis espacial posterior para poder definir la población demográfica enterrada en la maqbara.

Arqueológicamente, se pueden apreciar los diferentes momentos de inhumación, pero su cronología vendrá dada por los resultados que se obtengan de los análisis de C14 de las muestras seleccionadas para tal finalidad. Se ha trabajado desde el principio con unos protocolos claros y estrictos en los que el uso de guantes de nitrilo ha sido fundamental para evitar contaminaciones en el proceso de la toma de muestras, sobre todo los relacionados con los análisis de isótopos, ADNmt y paleoparasitología.

 

UN ENFOQUE ARQUEOBIOLÓGICO

La excavación de la maqbara y el Recinto I ha permitido recuperar una gran diversidad de materiales: restos cerámicos, metálicos, vítreos, antropológicos, arqueozoológicos, antracológicos y carpológicos han podido ser recuperados de forma manual durante la intervención.

Sin embargo, el sedimento característico del sitio se compone principalmente de limos, hecho que ha dificultado la recuperación de todos los restos arqueológicos forma directa por su difícil detección a causa de las adherencias. Por este motivo, se procedió a la recuperación de los materiales complementando el método viso-manual con otros de tipo objetivo y mecánico, cribado en seco y muestreo planificado para flotación.

En cada uno de los contextos se ha pormenorizado el muestreo para garantizar una metodología óptima y adecuada. En aquellos contextos de gran interés se procedió a cuadricular para la toma de muestras, mientras que en estructuras de combustión se ha recuperado la totalidad de la tierra exhumada para flotación. Este método ha facilitado un ágil procesado de la tierra y la distinción de las fracciones con una rápida recuperación de los restos arqueobotánicos (antracología, carpología y restos de tejidos) que no habían sido identificados durante la excavación.

Más allá del registro arqueológico presentado, que representa a la materialidad arqueológica más tradicional, se exponen otros muestreos para ampliar la investigación arqueobiológica entre las que se destacan la palinología, la paleoparasitología, el análisis de residuos y, en relación con la profundización del conocimiento de los sujetos de la maqbara, el ADN mitocondrial y el análisis de isótopos.

 

ACTUACIONES DE CONSERVACIÓN

La actuación de restauración realizada en esta campaña ha tenido carácter temporal y conservativo, pues el fin es mantener las estructuras excavadas en perfecto estado, a la vista y protegidas de la climatología y los factores de alteración. Todas las actuaciones están normalizadas por los criterios internacionales de protección del patrimonio y la legislación actual.

Las estructuras están formadas por materiales de tierra, hormigón de cal, piedra y ladrillos y la patología que presentaban, tras la retirada de las medidas protectoras colocadas desde 2010, eran unas afecciones que se han solventado con trabajos de consolidación química y física.

Los tratamientos se han enfocado a una consolidación temporal y reversible, siempre con productos y materiales afines a los originales, colaborando para ello el grupo de investigación AMBAR de la UPCT que está haciendo la caracterización de materiales, análisis de superficies, composición química, mineralógica y de cohesión y finalmente distintos tratamientos consolidantes, probando su eficacia tanto en laboratorio como in situ.

Se ha trabajado en la consolidación física y química con morteros de reintegración, fijación y reconstrucción, con cal y áridos seleccionados, mimetizándolos con las superficies originales, estableciendo líneas de separación discernibles. El trabajo de laboratorio en restauración está encaminado a la limpieza y reconstrucción de las piezas cerámicas, metálicas y vítreas descubiertas hasta la fecha.

CONCLUSIONES

En resumen, la intervención realizada ha aportado información muy relevante sobre los espacios analizados, a pesar de que se encuentra en un estadio inicial de desarrollo y necesita ser completada con futuras campañas. La perspectiva es que no solo permita entender los dos grandes edificios estudiados y el conjunto funerario y religioso, sino que sirva de puerta de acceso al conocimiento definitivo del arrabal de la Arrixaca y sus pobladores, incluso de las dinámicas urbanas, no ya murcianas sino andalusíes. La apuesta por la investigación interdisciplinar de los restos arqueológicos proporcionará, por una parte, información detallada para conocer la cotidianeidad de los arrabales andalusíes y, por otra, garantías de conservación con el empleo de técnicas y productos de consolidación y restauración adecuados a las particularidades del conjunto arqueológico de San Esteban.