Excavación arqueológica

¿Cómo excavamos?: Dibujo arqueológico en planta

07/02/2019

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Lucía Simarro Martínez, alumna del máster de Historia y Patrimonio Histórico de la Universidad de Murcia, profundiza aún más en el dibujo arqueológico contándonos cómo realizar un dibujo en planta tras tener que realizarlo con la concentración de piezas de cerámica y vidrio halladas en el espacio 4 del Recinto I.

Nuestro compañero Alfredo Sánchez Hernández explicó en una entrada anterior qué es el dibujo arqueológico y para qué se utiliza. En esta entrada explicamos la metodología a seguir para realizar un dibujo en planta de piezas arqueológicas en el yacimiento.

El dibujo arqueológico consiste en una representación lo más detallada posible de los contextos arqueológicos y se realiza durante el trabajo de campo, completándose posteriormente con el escaneado, coloreado e incorporación de la leyenda para su digitalización.

¿Por qué elegimos el dibujo en lugar de la fotografía? Depende del caso, es preferible usar un sistema, otro o incluso ambos. Aunque la fotografía representa al mismo nivel todos los materiales, en ciertas ocasiones nos puede interesar realizar un dibujo arqueológico por el especial interés, tipo de material o disposición de las piezas. Por ejemplo, antes de realizar el levantamiento de un área con alta concentración de piezas cerámicas o vítreas, nos resulta de gran utilidad hacer un dibujo en planta para numerar las piezas más significativas y comprender la distribución de las mismas en un espacio determinado.

Material necesario: papel milimetrado, portaminas, cinta métrica, flexómetro, plomada, clavos o ferrallas, cuerda elástica, burbuja de nivel y pinzas metálicas reversibles.

Metodología:

  1. Lo primero a tener en cuenta en un dibujo es qué escala vamos a utilizar. Una escala 1:20 suele ser suficiente, aunque en caso de que las piezas sean pequeñas y/o numerosas, podemos utilizar una escala 1:10.
  2. Debemos ubicar un eje que nos sirva de referencia como coordenada ‘x’. En nuestro caso nos interesa que no esté a mucha altura con respecto al suelo, pues las piezas no son especialmente altas. Colocaremos unos clavos o ferrallas (dependiendo de la altura que necesitemos) a modo de eje, atando una cuerda elástica que una los dos extremos.
  3. Esta cuerda la tensaremos y comprobaremos que está en un plano horizontal con ayuda de un nivel. En Arqueología se suele utilizar una burbuja especial con dos ganchos que puede colgarse de la cuerda e indicarnos su nivelación horizontal. Con unas pinzas de sujeción, fijaremos la cinta métrica a la cuerda (sin mover esta), para tener un eje fijo que nos de unos valores numéricos para el eje ‘x’.
  4. Será necesario tomar más o menos puntos en función de cada pieza que queramos localizar. Mientras que el eje fijo nos indica la coordenada ‘x’, para la coordenada ‘y’ utilizaremos un flexómetro y una plomada. Mientras que el flexómetro se apoya en el eje ‘x’ sin desestabilizarlo y formando un ángulo de 90º con el mismo, la plomada se deja caer para formar un ángulo de 90º entre el flexómetro y el punto de la pieza que queremos representar en el dibujo.
  5. Para dibujar cada una de las piezas que han aparecido en el estrato debemos tomar varios puntos de cada una de ellas. Esto depende de la pieza concreta, pero siempre trataremos de buscar los puntos más representativos que nos ayuden a representar la forma geométrica de la misma. Tomaremos coordenadas de todos los puntos necesarios, teniendo en cuenta que para cada punto se necesitan dos coordenadas: con respecto al eje fijo la coordenada “x”, y mediante la plomada y el flexómetro la coordenada “y”.
  6. Estas coordenadas las trasladamos al papel milimetrado, en el que previamente hemos establecido la escala y dibujado el eje de referencia. Repitiendo este proceso vamos estableciendo una serie de puntos que acabaremos uniendo para ir dibujando las diferentes piezas y su distribución en el espacio.

Aunque puede parecer sencillo, estamos realizando un trabajo de campo, con lo cual debemos trabajar con cuidado del resto de estructuras del yacimiento; y de las propias que estamos dibujando (pues podríamos moverlas de su lugar original). El dibujo debe ser riguroso, preciso, y representar fiel y claramente los materiales encontrados. Por eso al final del proceso, coloreamos y damos tramas al dibujo para añadir información, distinguir los materiales y que pueda ser comprendido e interpretado.

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